Las Casas e García Márquez

Leio, de costas para Torquemada, que da parede oposta me lança seu terrível olhar: Judio, brujo, curandera, solicitante, eran sólo algunos de los calificativos usados para denunciar, juzgar y condenar a quienes se apartaban de la fe católica. Eran esos otros, considerados distintos. Personas desarraigadas de su tierra, pero que lograran traer consigo sus prácticas y conocimientos ancestrales; quienes llegaran por distintos motivos y creencias, todos mirados bajo la misma lupa que condenaba lo diferente.

Assim inicia a explicação introdutória, no primeiro quadro do Museo Histórico de Cartagena de Indias, dentro do Palacio de la Inquisición. Em Cartagena atuou, de 1610 a 1821, um dos três tribunais da Inquisição na América Hispânica, somente fechado por obra bolivariana após a independência.

Não era meu propósito ir a Cartagena para conhecer a Inquisição. A vaga deliberação de um dia conhecer a Colômbia aconteceu depois de ler o livro de memórias de Gabriel García Márquez, Viver para Contar, que ganhei da Nair Albuquerque quando me despedi de Ijuí.

Cartagena está naquela costa caribenha onde se desenrolam as histórias mágicas de García Márquez, mas seu ambiente marítimo entra quase só como coadjuvante no universo macondiano, de um interior pantanoso. Pouco tem a ver com a Aracataca onde Gabo viveu criança há quase noventa anos. E, não fosse pela diferença de tamanho e características da cidade portuária para o pequeno mundo que cresceu sob o controle da United Fruit, o tempo que decorreu desde então teria sido suficiente para não deixar para nós mais que vaga lembrança daquele mundo encantado.

Na verdade, a quem tenha a preocupação com conhecer o lugar, seu povo e sua história, qualquer relato introdutório sempre começa com a conquista e fundação, não só de Cartagena como das demais grandes cidades colombianas. E aí se vê, bem antes da instalação formal da Inquisição, a selvageria da conquista espanhola, que, na prática da rapina, voltada principalmente ao ouro e outros minerais preciosos, torturou, matou e escravizou os povos nativos.

Ler sobre como se formaram há quinhentos anos as cidades colombianas não nos remete a García Márquez, mas àquela fonte primordial, Bartolomé de las Casas, nas suas vãs denúncias ao Rei da Espanha das barbaridades que então se cometiam. Ao escrever sobre a vizinha Santa Marta, explicou a distinção entre índios de paz e índios de guerra: Llama indios de guerra los que están y se han podido salvar, huyendo de las matanzas de los infelices españoles, por los montes. Y los de paz llama los que, después de muertas infinitas gentes, ponen en la tiránica y horrible servidumbre arriba dicha, donde al cabo los acaban de asolar y matar.

A própria Inquisição pouco se ocupou desses povos, considerados inimputáveis. Voltou-se principalmente contra os judeus e os hereges e, nos mais de duzentos anos de sua existência em Cartagena, condenou algumas centenas, menos de dez à execução pela fogueira.

Melhor era mesmo que os indígenas fossem inimputáveis, não se submetendo a um tribunal que, mesmo sendo a Inquisição, tinha seus ritos. Se o devido processo legal da Inquisição incluía a tortura, mesmo assim exigia processo; já aos povos originários a tortura e a morte das mais variadas formas, inclusive também pela fogueira, podia ser aplicada ao atacado, aos milhares e milhares, sem processo e sem pena, apenas como meio de encontrar ouro ou mesmo sem pretexto.

De Cartagena a Bogotá a história não muda, como mostra Las Casas: Dicen en la dicha probanza los testigos, que estando todo aquel reino de paz e sirviendo a los españoles, dándoles de comer de sus trabajos los indios continuamente y haciéndoles labranzas y haciendas e trayéndoles mucho oro y piedras preciosas, esmeraldas y cuanto tenían y podían, repartidos los pueblos y señores y gentes dellos por los españoles (que es todo lo que pretenden por medio para alcanzar su fin último, que es el oro) y puestos todos en la tiranía y servidumbre acostumbrada, el tirano capitán principal que aquella tierra mandaba prendió al señor y rey de todo aquel reino e túvolo preso seis o siete meses pidiéndole oro y esmeraldas, sin otra causa ni razón alguna. El dicho rey, que se llamaba Bogotá, por miedo que le pusieron, dijo que él daría una casa de oro que le pedían, esperando de soltarse de las manos de quien así lo afligía, y envió indios a que le trajesen oro, y por veces trajeron mucha cantidad de oro e piedras, pero porque no daba la casa de oro decían los españoles que lo matase, pues no cumplía lo que había prometido. El tirano dijo que se lo pidiesen por justicia ante él mesmo; pidiéronlo así por demanda, acusando al dicho rey de la tierra; él dió sentencia condenándolo a tormentos si no diese la casa de oro. Danle el tormento del tracto de cuerda; echábanle sebo ardiendo en la barriga, pónenle a cada pie una herradura hincada en un palo, y el pescuezo atado a otro palo, y dos hombres que le tenían las manos, e así le pegaban fuego a los pies, y entraba el tirano de rato en rato y decía que así lo había de matar poco a poco a tormentos si no le daba el oro. Y así lo cumplió e mató al dicho señor con los tormentos. Y estando atormentándolo mostró Dios señal de que detestaba aquellas crueldades en quemarse todo el pueblo donde las perpetraban. Todos los otros españoles, por imitar a su buen capitán y porque no saben otra cosa sino despedazar aquellas gentes, hicieron lo mesmo, atormentando con diversos y fieros tormentos cada uno al cacique y señor del pueblo o pueblos que tenían encomendados, estándoles sirviéndoles dichos señores con todas sus gentes y dándoles oro y esmeraldas cuanto podían y tenían. Y sólo los atormentaban porque les diesen más oro y piedras de lo que les daban. Y así quemaron y despedazaron todos los señores de aquella tierra. Por miedo de las crueldades egregias que uno de los tiranos particulares en los indios hacía, se fueron a los montes huyendo de tanta inhumanidad un gran señor que se llamaba Daitama, con mucha gente de la suya. Porque esto tienen por remedio y refugio (si les valiese). Y a esto llaman los españoles levantamientos y rebelión. Sabido por el capitán principal tirano, envía gente al dicho hombre cruel (por cuya ferocidad los indios que estaban pacíficos e sufriendo tan grandes tiranías y maldades se habían ido a los montes), el cual fué a buscarlos, y porque no basta a esconderse en las entrañas de la tierra, hallaron gran cantidad de gente y mataron y despedazaron más de quinientas ánimas, hombres y mujeres e niños, porque a ningún género perdonaban. Y aun dicen los testigos que el mesmo señor Daitama había, antes que la gente le matasen, venido al dicho cruel hombre y le había traído cuatro o cinco mil castellanos, e no obstante esto hizo el estrago susodicho.

Mas, ao ler uma breve explicação histórica ao turista, salto do século XVI ao século XX, e também vejo da capital colombiana o célebre Bogotazo, acontecido em 1948. Em seguida ao assassinato de Jorge Eliécer Gaitán, candidato do Partido Liberal nas eleições à presidência da República que se realizariam no ano seguinte, em que era considerado franco favorito, houve um levante popular, o Bogotazo, que se estendeu ao resto do país, com saques, depredações, incêndios e muitas mortes.

Era do Partido Liberal, que na Colômbia historicamente foi o partido rival do Conservador, mas, como nunca antes acontecera no partido, com um compromisso claro de lutar contra a desigualdade reinante. Foi um homem de frases, e uma dizia assim: Hay que procurar que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres. Naquele momento, num país já convulsionado, sua morte foi o estopim de uma violência generalizada.

A década que se seguiu foi de intensa repressão e milhares de mortes de trabalhadores, principalmente do campo. Controlado o levante, permaneceu a Nação fraturada, governada pelos Conservadores. Foi também a época que se constituiu a guerrilha de esquerda, até hoje ativa, embora, decorridos setenta anos, esteja avançado o processo de paz.

A pequena imersão na Colômbia me levou às livrarias. Meio por acaso cheguei à obra completa do mexicano Juan Rulfo, de quem lera Pedro Páramo em português, mas a intenção era mesmo reler, agora em espanhol, Vivir para contarla, adquirida na Librería Lerner, e finalmente ler a Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de Las Casas, que achei no Fondo de Cultura Económica.

Não havia, antes da viagem, lembrado das memórias de García Márquez; lembrei ao ler sobre o Bogotazo, do qual tivera conhecimento por elas. Dei-me conta de que o interesse que a Colômbia me despertou com essa obra não foi por Macondo, que sempre vi como mero fruto de sua engenhosa imaginação, mas pelo que descobri ser um país com uma riqueza e uma vida cultural que não imaginava.

Por isso, não achei estranho que houvesse me esquecido da parte inicial das memórias, onde a saga familiar de Gabito forma toda a base mágica das suas obras futuras, mas lembrasse da vida de jornalista em Barranquilla, de como escreveu e, após ser rejeitado pela primeira editora, conseguiu publicar Cem anos de solidão, e do seu testemunho sobre o Bogotazo.

En ese ámbito intenso me senté a almorzar en el comedor de la pensión donde vivía, a menos de tres cuadras. No me habían servido la sopa cuando Wilfrido Mathieu se me plantó espantado frente a la mesa.

Se jodió este país – me dijo –. Acaban de matar a Gaitán frente a El Gato Negro.

Mathieu era un estudiante ejemplar de medicina y cirugía, nativo de Sucre como otros inquilinos de la pensión, que padecía de presagios siniestros. Apenas una semana antes nos había anunciado que el más inminente y temible, por sus consecuencias arrasadoras, podría ser el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Sin embargo, esto ya no impresionaba a nadie, porque no hacían falta presagios para suponerlo.

Apenas si tuve alientos para atravesar volando la avenida Jiménez de Quesada y llegar sin aire frente al café El Gato Negro, casi en la esquina con la carrera Séptima. Acababan de llevarse al herido a la Clínica Central, a unas cuatro cuadras de allí, todavía con vida pero sin esperanzas. Un grupo de hombres empapaban sus pañuelos en el charco de sangre caliente para guardarlos como reliquias históricas. Una mujer de pañolón negro y alpargatas, de las muchas que vendían baratijas en aquel lugar, gruñó con el pañuelo ensangrentado:

Hijos de puta, me lo mataron.

Las cuadrillas de limpiabotas armados con sus cajas de madera trataban de derribar a golpes las cortinas metálicas de la farmacia Nueva Granada, donde los escasos policías de guardia habían encerrado al agresor para protegerlo de las turbas enardecidas. Un hombre alto y muy dueño de sí, con un traje gris impecable como para una boda, las incitaba con gritos bien calculados. Y tan efectivos, además, que el propietario de la farmacia subió las cortinas de acero por el temor de que la incendiaran. El agresor, aferrado a un agente de la policía, sucumbió al pánico ante los grupos enardecidos que se precipitaron contra él.

Agente – suplicó casi sin voz –, no deje que me maten.

Nunca podré olvidarlo. Tenía el cabello revuelto, una barba de dos días y una lividez de muerto con los ojos sobresaltados por el terror. Llevaba un vestido de paño marrón muy usado con rayas verticales y las solapas rotas por los primeros tirones de las turbas. Fue una aparición instantánea y eterna, porque los limpiabotas se lo arrebataron a los guardias a golpes de cajón y lo remataron a patadas. En el primer revolcón había perdido un zapato.

¡A palacio! – ordenó a gritos el hombre de gris que nunca fue identificado –. ¡A palacio!

Em Gaitán se depositavam as esperanças dos pobres da Colômbia. Por isso, não podia ser presidente.

Assim que Las Casas e García Márquez me ajudaram a conhecer melhor a Colômbia. Os indígenas começaram a ser massacrados desde o descobrimento, nos primeiros contatos dos navegadores espanhóis com o litoral colombiano, e ainda o eram na época da Inquisição. Hoje continuam, como também os negros, integrando a vasta parcela pobre da população. O Bogotazo aconteceu há 70 anos. Tudo isso é História, mas a História não só determina nosso presente como sempre nos mira de um modo que a tenhamos como exemplo. E a História da Colômbia é também a da América Latina, da qual somos a parte lusitana.

Terminava com uma advertência a explicação que li sob o olhar terrífico de Torquemada. São não mais que duas frases da entrada de um museu, e dizem assim: Algunos destes calificativos han ido cambiando. Otros permanecen como señal de que aún persiste na práctica de juzgar a esse alguien que piensa e actua distinto.

O título é Las Casas e García Márquez, a ilustração é dele Tomás de Torquemada.

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